Usted está en : Portada : Crónica Domingo 9 de enero de 2005

El río Loa está seco

Gravísimo problema podría ser el réquiem para el oasis de Calama.

Manuel Cortés Gallardo

El río Loa, del que en el Himno a Calama cantamos que siempre nos baña y nos mantiene en la prosperidad, conforme la inspiración de Santiago Polanco Nuño, está seco.

Los primeros dardos sobre el tema apuntan directamente contra los agricultores. Esos hombres y mujeres a quienes les estamos debiendo un monumento, porque a la agricultura le debemos la existencia del oasis dado que se instalaron aquí mucho antes que la minería, ahora le estamos cargando la mano.

Estamos diciendo que sacan más agua que la que le corresponde según los derechos concedidos, lo que puede, pero que ellos mismo denunciaron hace ya tiempo.

La pregunta para todos y especialmente para quienes trabajan en los medios noticiosos es: ¿son realmente culpables los agricultores?

Vamos viendo, dijo el ciego.

Empecemos por generalizar. Estamos en el Siglo XXI. La población mundial ha aumentado en miles de millones de personas y el desarrollo es cada año más imponente. Esa realidad crea mayor demanda de agua.

¿Hay más agua en el mundo que hace veinte siglos?. La respuesta es no. Al contrario, ese recurso, como todos sabemos, mantiene sus limitadas fuentes y además, actualmente, posiblemente más que en los siglos anteriores, están amenazados por la contaminación. ¿Serán suficientes estas pocas palabras para entender que la escasez de agua es mundial?. Debería serlo. Hace veinte siglos el número de habitantes en el mundo era 3 por ciento de la actual.

La demanda de agua ha originado competencia entre quienes la requieren para el riego, el consumo doméstico, la industria, la minería.

Volvamos a nuestra Provincia El Loa y preguntemos si hasta del discurso que busca culpabilidades podemos presentar algún programa o plan para regular el abastecimiento y la demanda. Sin tal, todo discurso por muy acusatorio queda inválido. Conforme hemos podido escuchar y con la sequedad del río ante nuestras narices, con la agonía de la flora y la fauna que milagrosamente existe en este desierto, se ve que ni siquiera hemos reparado cómo se gasta agua inútilmente en lavar automóviles, regar pavimentos, con la pura premisa de que a nadie le importa “porque yo soy quien paga y a mí me cuesta”.

El año dos mil, la señora Alejandrina Olivares Pérez, ganadora de la Mazorca de Oro, en su calidad de secretaria técnica de la Asociación de Agricultores, dijo que está próximo el día en el que no habrá agua ni para beber y calificó de máxima urgencia la necesidad de preocuparse del problema.

Un monumento al agricultor recordaría que alguna vez hubo verdores en este desierto.

 

Silencio

Por estos días, las familias de agricultores del Valle Calama guardan silencio y olvidan las opiniones destinadas a defender su forma de existencia. Están preocupados de que la producción de sus suelos les reporte el dinero necesario para vivir todo el resto del año. Y ante el silencio de los hombres y mujeres del agro loíno, surgen las infortunadas voces triunfales que no han logrado comprender que la cesantía es lo mínimo al eliminar la agricultura. Lo que echan por tierra es una forma de vida de mucha gente pobre que no tiene más remedio que amar la Pachamama para pasar por este mundo y morir. Su herencia, desde siempre, es la pobreza para los hijos que habrán de repetir el ciclo. Y no es mala la pobreza. Quienes no participan con Cristo desvirtúan el convencimiento de "bienaventurados los Pobres".

Y en estos tiempos deportoides nada mejor que convencerse que no hay mejor defensa que un buen ataque. Y abundan los ataques: "no se han renovado". "Es indispensable cambiar el sistema de riego". "Reforestemos", "no entienden".

Sencillo y simple. Nadie reconoce culpas. Los dardos tienen mayor validez. Para qué molestarse en reconocer que las poblaciones se multiplicaron y se siguen multiplicando en suelos agrícolas, que el agua de riego tiene hoy 80 por ciento de salinidad, que las exploraciones y explotaciones subterráneas han agotado el alimento natural de las corrientes superficiales.

Hasta palabras agrícolas son empleadas para justificar desaguisados. Reforestemos, pudo escucharse mientras se les otorgaba el réquiem a las dos comunidades en el sector sur de Calama, por la venta de los derechos del agua. Sumamos la otra gran venta del sector oriente y tenemos sequedad en la mitad del suelo agrícola.

 

Apoyo

En junio de 1995, ante el abundamiento de las peticiones de exploración de agua, los agricultores calameños fundamentaban ante el director nacional de Aguas la oposición con la firma de la directiva de la Asociación Calama:

“El Código de Aguas es lesivo a los derechos naturales de los habitantes del Norte de Chile, además de estar formulado para reglamentar el uso de grandes caudales de aguas del Centro y Sur del País, en circunstancia que en nuestra Región es escaso y de alto costo. Toda captación de aguas subterráneas permite acelerar el proceso de desertificación que se manifiesta progresivamente en la Comuna de Calama y en toda la Provincia El Loa”. ¿Quien apoyó a los agricultores, aparte de El Mercurio?

Y no ha sido escaso el deterioro. Hace cincuenta años Calama cultivaba seis mil hectáreas.¿Cuántas quedan?.

Por el avance sostenido de la desertificación y la paulatina disminución del recurso hídrico, la crianza de auquénidos, bovinos y ovinos ha experimentado una baja, en los últimos 50 años del orden de noventa por ciento.

Nadie desconoce que la captación de aguas subterráneas pone en peligro el caudal de los ríos, canales, acequias, vertientes y otros acuíferos de la Provincia El Loa. Está a la vista. El río Loa, es el ejemplo más didáctico.

También en 1995, la Asociación de Agricultores exponía que “la captación de aguas subterráneas se opone a las políticas de desarrollo de la silvoagroproducción propuesta por el Supremo Gobierno, especialmente para la Zona Norte del País”.

Subrayaban "la necesidad de frenar la exploración, explotación y compraventa del agua que es el recurso natural más escaso en el Norte de Chile". Agregaban otro fundamento para oponerse "porque tales peticiones sobre el derecho de aprovechamiento de aguas subterráneas y concesión o exploración está en total desacuerdo con el articulado de la Ley 19 mil 300 del 9 de marzo de 1994, que versa sobre la protección del Medioambiente y el impacto irreversible que pueden producir acciones indiscriminadas en el ecosistema de la vida salvaje y en la calidad de vida de las personas".

 

Vigilancia

También se escucha sobre la necesidad de crear la Junta de Vigilancia. Los agricultores realizaron esa gestión cuando un centenar de ellos prestó declaraciones en el juzgado de Calama en torno a los derechos sobre el río Loa, debidamente certificados por la Dirección de Aguas, para justificar la formación de la junta de vigilancia.

Con esos antecedentes esperaban que el tribunal fallara a su favor. La constitución de la junta de vigilancia del río Loa dio lugar a una contienda entre usuarios dado que un grupo de empresarios también presentó antecedentes para formar una entidad paralela, alegando los derechos correspondientes.

Los agricultores propusieron la constitución de dos entidades, dado que el Código de Aguas lo permite. Para los efectos se unieron los usuarios del Valle Calama quienes dejaron la posibilidad para que los empresarios se hicieran cargo de otro sector del río.

Como no lograron ponerse de acuerdo, el caso fue elevado a la Corte de Apelaciones de Antofagasta.

Los hombres del agro eran defendidos por el abogado Fernando Dougnac Rodríguez.

Pero, eso es lo último. En 1982 anunciaron que sólo quedaba para 18 años. Las reacciones no se hicieron esperar y hasta se ridiculizó la idea con discursillos sobre el ciclo de agua y su perpetuidad.

Quienes ridiculizaron deben estar todavía vivos y es posible que así como entonces deben haber creído que 18 años era demasiado tiempo, hoy en silencio deben estar arrepentidos frente a la realidad del río Loa de hoy.

Los agricultores solicitaron que el río Loa fuera declarado agotado dado que las antiguas corrientes que lo alimentaban, a pocos metros de su nacimiento en el volcán Miño, fueron entregadas a la minería.

La solicitud de agotamiento fue suscrita por Arturo Varas Varas, Eduviges Coria González, Telésforo Caro Caro y otros usuarios de las comunidades de aguas de Chunchuri Alto, Chunchuri Bajo, Chiu Chiu y Lasana.

La cuenca hidrográfica del Loa abarca la provincia de El Loa con las comunas de Ollagüe y Calama y, la provincia de Tocopilla con las comunas de María Elena y Tocopilla, interviniendo directamente en las localidades agrícolas con características de oasis de Lasana, Chiu Chiu, Calama y Quillagua.

Expusieron que "la información existente sobre la distribución del agua a medida que se avanza por el curso normal del río Loa demuestra que existen derechos de aprovechamiento consuntivos y permanentes sobre esta agua, usados para la agricultura, minería y consumo humano, según lo establecen las resoluciones dictadas conforme a la Ley, que no siempre tienen correspondencia entre el uso efectivo y los derechos inscritos, según lo determinan los aforos realizados por la Dirección General de Aguas Segunda Región. Dos estudios realizados por su misma institución titulados "Análisis estudio de Extracciones de aguas Calama-Quillagua", 1995, y "Análisis de la oferta y demanda de los recursos hídricos en cuencas críticas de El Loa, Rapel y Mataquito", 1996, concluían manifestando que cualquier nuevo derecho de aprovechamiento que se otorgue en el río Loa irá en directo perjuicio de los últimos regantes de la cuenca, esto es de los agricultores de Quillagua.

"Los argumentos anteriores, sumados a la preocupación local, regional y mundial que se tiene en torno al recurso hídrico y su adecuado manejo, nos instan a solicitarle de acuerdo a la ley y al artículo 282 de Código de aguas, declare el agotamiento del río Loa y sus afluentes, para los efectos de la concesión de nuevos derechos consuntivos permanentes”.

Lo lograron y el río fue declarado agotado, pero continuaron las peticiones para explorar aguas subterráneas.

 

Daño

Para Alejandrina Olivares Pérez, la gran defensora del agua, quien gestionó, personalmente y en solitario la construcción del embalse de Conchi y quien ha apoyado en la elaboración de un proyecto, que no ha sido acogido por cuestiones de financiamiento, sobre la construcción de un tranque para aguas lluvias en Ayquina, “todo el desastre comenzó con la Reforma Agraria que olvidó que aquí vivimos en el Desierto. Así los derechos de agua cambiaron de propiedad. Hay que preguntarse a quiénes le compraron los derechos de agua de las comunidades Núñez y la Prensa o quizás hay que saber quien los vendió”.

"Hoy se levantan muchas voces culpando a los agricultores que vendieron los derechos de agua, pero cuando advertimos de la realidad que se estaba viviendo, antes de que se materializaran las ventas, nadie de quienes podían actuar hizo nada".

“Essan adquirió un millón 33 mil 200 metros cúbicos al precio de 89 mil 551 unidades de fomento y 88 centavos de Uf, equivalentes, entonces, a mil 33 millones 215 mil 677 pesos correspondientes a los derechos de la finca la Oriental. Posteriormente adquirió otros derechos a distintos agricultores y con ello ha sumado los dos millones 800 mil metros cúbicos, cantidad que para el desierto es monumental. Pero, lo peor es que quienes compran esos derechos y no son agricultores, no los sacan cada quince días sino en forma permanente, con lo que el río se seca, porque no deben respetar el sistema de riego”.

¿Son los agricultores los culpables de la sequedad del río? o todos los habitantes tenemos culpas compartidas?.

 
 
Opciones
Volver a la portada Volver a la portada
Enviar este artículo Enviar este artículo
Imprimir sólo texto Imprimir sólo texto