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Batalla de Topáter: honor y gloria de nuestros soldados

Si bien es cierto participó un escaso número de soldados, este combate tiene la particularidad de haber sido la única confrontación, en el marco de la Guerra del Pacífico, entre fuerzas chilenas y bolivianas, sin participación de tropas peruanas.

En la actualidad Calama pasa por uno de sus mejores momentos, tanto social como económicamente. La expansión de sus terrenos, así como la incorporación de los habitantes de Chuquicamata, han dado a la ciudad una estabilidad y proyección que sólo la historia podrá medir en cuantos a objetivos y resultados.

Al cumplirse 126 años de la anexión de la ciudad a territorio chileno, son muchas las generaciones que han visto su crecimiento con todos sus problemas y deficiencias, se ha convertido en una urbe que ha acaparado la vista de todo Chile, por ser una de las más noticiosas y participativas que tiene nuestro país.

Es ahí la importancia de la batalla que a continuación pasamos a relatar, principalmente los mejores pasajes que involucran los sentimientos y momentos que vivían los personaje que participaron activamente en esta odisea .

La “Batalla de Topáter”, ocurrió un 23 de marzo de 1879 y es un hecho de gran importancia en la Historia de Chile, por cuanto fue el primer enfrentamiento armado que dio inicio a “La Guerra del Pacífico”. Un monolito instalado en el sector oriente de la actual Calama, recuerda a los 7 héroes chilenos que dieron su vida en este combate.

 

Un poco de historia

El Combate de Topáter, del 23 de marzo de 1879, fue el primer hecho de armas de la Guerra del Pacífico. Como antecedente se podría que mencionar que Bolivia había decretado el embargo de los bienes de la Compañía Chilena de Salitre de Antofagasta. Cuando aquel dictamen se iba a materializar, lo que provocó la molestia generalizada del gobierno chileno, iniciándose así el conflicto, cuya orden fue la de desembarcar las tropas chilenas al mando del coronel Sotomayor para impedir tal acción, ocupando Antofagasta, Mejillones y Caracoles.

Por aquellos años nuestro país era gobernado por Aníbal Pinto Garmendia, hombre pacífico, americanista y sentía verdadera repugnancia por las soluciones armadas, sin embargo la situación de Antofagasta llegó a tal extremo que obliga al ponderado gobernante, autorizar su ocupación el 14 de febrero de 1879, a cargo del coronel, Emilio Sotomayor.

La preocupación del alto mando militar chileno, era la posible concentración de fuerzas militares bolivianas en el oasis de Calama, motivo por el cual se decide su pronta ocupación, designando a Emilio Sotomayor a cargo de las operaciones como, comandante en Jefe de las Tropas de Tierra.

Con fecha 1º de marzo de 1879, el entonces Presidente de la República de Bolivia, general Hilarión Daza declara, a través de un decreto firmado en la ciudad de Ayacucho, Perú, la guerra a nuestro país.

“Amigo García Mesa salga de ese suelo infame venga a reunirse con nosotros. Yo marcho a Potosí a la cabeza de 10.000 hombres; juro que antes de 70 días habré recuperado ese litoral y nuestra bandera flameará no solo en esa capital, sino mucho mas allá. - Siempre suyo H. Daza-”

Mientras el gobierno de Aníbal Pinto estudiaba el Decreto del Presidente de la República de Bolivia, las tropas chilenas marchaban a Caracoles para organizar las fuerzas y estrategia, para tomar Calama.

El coronel Emilio Sotomayor sale de Antofagasta el 19 de marzo de 1879 en dirección a Caracoles y en la tarde del día 21 pasa revista a la División de 540 hombres.

El teniente coronel Bartolomé Vivar, toma el mando de las tres compañías del 2º de línea de cien hombres cada una, con los subalternos: alférez, Juan de Dios Quezada; alférez, Belisario Amor; sargento primero, Facundo Rojas; sargento primero, Ríos Herrera y sargento segundo, José Caris.

Por otra parte el Regimiento 4º de Línea envió una compañía al mando del capitán Juan José San Martín, como asimismo el Regimiento Granaderos aporta 120 cazadores a caballo al mando del capitán Rafael Vargas y dos piezas de artillería de montaña a las órdenes del teniente Eulogio Villarroel y alférez , Pablo Urízar.

Es el día 21 de marzo de 1879, son las cinco de la tarde, termina la revista de las tropas por parte del coronel Emilio Sotomayor y previa bendición del capellán de Ejército, padre jesuita Parra, ordena al oficial de operaciones comandante Eleuterio Ramírez, iniciar la marcha hacia Calama.

En tanto, en Calama el doctor Ladislao Cabrera, jefe de las fuerzas bolivianas prepara la defensa; cuenta con 44 oficiales, otros tres doctores, unos seis coroneles, comandantes de caballería y rifleros, capitanes, tenientes 1º y subtenientes, además 3 suboficiales, 3 cabos y 33 soldados rifleros, unos 50 paisanos con escopetas y 20 cholos con lanzas.

 

Se inicia la expedición

La unidad de ocupación, al mando de Emilio Sotomayor Baeza, inicia la marcha el día 21 de marzo de 1879 a las 17 horas dejando Caracoles para alcanzar la aguada de bandera donde acantonan pasada la medianoche, producto de las bajas temperaturas y la fatiga de algunos soldados de Infantería.

El oficial de Operaciones, comandante Eleuterio Ramírez Molina, reinicia la marcha y dispone hacer una jornada corta para aprovechar el clima de madrugada alcanzando una planicie con alguna vegetación llamada Independencia, próxima a los cerros de Limón Verde, objetivo que debía alcanzar ese día para organizar el asalto y toma de Calama. Poco antes de mediodía la columna se detiene para capear el implacable sol del desierto, alimentar la caballada y arranchar la tropa.

A media tarde del día 21de marzo, cuando el sol emprendía la retirada por sobre la Cordillera de la Costa, se reinicia la marcha en dirección a la línea de partida para el ataque; en la columna se respiraba aires de guerra.

La vanguardia al mando del capitán Rafael Vargas, se separa del grueso de las tropas como unidad de reconocimiento y al tomar la primera quebrada que los lleva al cordón de Limón Verde, interceptan a un oficial y un soldado boliviano, constituyéndose en los primeros prisioneros de guerra.

Entre tanto, al otro lado del río loa, el jefe de plaza y de las fuerzas Ladislao Cabrera, ordena destruir el puente Topáter, quedando Calama sin accesos lacustres, toda vez que igual decisión se toma con los puentes de Carvajal y Chunchuri, cuando acantonó en Caracoles Eleuterio Ramírez.

 

Inicio del conflicto

En la primera hora del día 23 de marzo, en la carpa del coronel Emilio Sotomayor, se reúnen los oficiales, comandantes Eleuterio Ramírez, Bartolomé Vivar y Arístides Martínez, capitanes Juan José San Martín y Rafael Vargas, tenientes Sofanor Parra y Eulogio Villaroel, para planificar el asalto y toma de Calama.

La diana se toca a las 3 y a las 5.30 se inicia el descenso en dirección a las lomas que se ubican en el sector aeródromo frente a El Peuco, en este lugar -línea de partida para el ataque- el coronel Sotomayor instala su cuartel general y logística. A las 7,05 horas se ordena al oficial de Operaciones iniciar las acciones de acuerdo a lo planificado.

 

¿Como es el terreno al otro lado del río?

Grandes alfalfales rodean el río Loa, como chacras de choclos y abundante ganado ovejuno, llamas, burros y mulares.

La abundante vegetación, como la gran cantidad de animales, significaba canalizar agua hacia todos los sectores, para lo cual se construyeron grandes fosos que distribuían este vital elemento para el regadío de las eras y chacras.

Esto se convirtió en defensa natural para las tropas bolivianas, lo que malogró definitivamente el ataque del Ejército chileno, ya que la Caballería no pudo sortear tanta zanja, canales y fosos.

 

Asalto final

A las 7.05 de la mañana del día 23 de marzo, el comandante Eleuterio Ramírez, ordena iniciar el ataque, dividiendo la unidad en dos, con el objetivo de impedir la retirada de las tropas bolivianas y cortar los accesos hacia Cobija y Chiu Chiu.

El capitán Juan José San Martín forma la primera línea de ataque junto al alférez Juan de Dios Quezada e inician la expedición hacia el vado y puente Topáter; lo propio hace el capitán Rafael Vargas y teniente Sofanor Parra, en dirección vado Carvajal y Chunchuri.

A las 7,35 hrs. la unidad del alférez Quezada recibe la primera estampida desde el otro lado del río, era la resistencia boliviana y a partir de ese disparo se inicia el combate; en el otro sector, el capitán Vargas advierte una débil resistencia, lo que facilita los trabajos de los zapadores quienes construyen un medio de paso en siete minutos.

El combate se tornó intenso, y las tropas chilenas no lograban cruzar el río, el capitán Vargas cruza a través de la obra de arte construida por los ingenieros reclutados en Caracoles, sin embargo, recibe tal descarga y ataque boliviano que es obligado retroceder, perdiendo en un minuto siete hombres del Cazadores.

En el sector Topáter no le iba mejor a las tropas de San Martín y Quezada, quienes debieron hacer una retirada y reorganizar el ataque, sin embargo no perdieron ningún hombre, solo una oreja perforada y quepís deteriorados, producto de un plomo boliviano que malogró al capitán Juan José San Martín.

Las reservas al mando del teniente coronel Bartolomé Vivar, con la misión de reforzar el sector oriente y el comandante Eleuterio Ramírez para el sector de Carvajal, al ver la resistencia boliviana se lanzan con un ataque demoledor, cruzan el río Loa y toman las posiciones y trincheras.

Todo esto ocurría con facilidad en el sector Topáter, sin embargo en Carvajal, el capitán Vargas hizo desmontar su unidad de Cazadores e inicia el ataque a pie a través de los chircales, matorrales y alfalfales en pos de la plaza de Calama, esto produce una dispersión de caballos lo que preocupa al teniente Parra, quien apoyaba la retaguardia de Vargas y como se pierde de vista la unidad de su superior, vuelve a la línea de partida, sin antes incendiar los pastizales y chacras lo que provoca una gran humareda y logra ahuyentar a los dispersos soldados bolivianos, quienes abandonan las posiciones e inician la retirada junto a su comandante, teniente coronel Emilio Delgadillo en dirección a Cobija.

Entre tanto, en el sector Topáter, las tropas bolivianas al mando del teniente coronel Fidel Lara, cuando avistan las compañías del 2º de Línea, inician la retirada en dirección a Chiu Chiu, quedando una unidad menor al mando del rubio e imponente segundo jefe Eduardo Abaroa, a quien se le pide la rendición, sin embargo con siete heridas y su arma fuertemente empuñada responde “rendirme yo, que se rinda tu abuela carajo”.

Por otro lado, el capitán Rafael Vargas, antes de tomar la plaza, se encuentra con ocho soldados bolivianos encerrados en una pesebrera, sin oponer resistencia elevan sus brazos en señal de rendición, lo que dificulta la faena del izamiento del emblema patrio, ya que debió derivar parte de su disminuida unidad al cuidado de los prisioneros y con dos soldados eleva el paño sagrado de la estrella solitaria, a las 10,15 horas, en la plaza de Calama.

Mientras Eleuterio Ramírez, al estar imposibilitado de seguir los pasos de Vargas, producto del incendio y humareda, se fue por la ribera del río en dirección a Topáter, fue en este desplazamiento cuando una bala enemiga troncha el andar de su cabalgadura, lo que deja a pie al bizarro comandante; luego de reunirse con Bartolomé Vivar, el herido capitán San Martín, alférez Quezada y demás comandantes de compañía, en la casa de los Artola, advierte que en los corrales de Topáter al otro lado del río, se encontraba un bello ejemplar que caminaba un tanto inquieto producto de la gran balacera de la mañana, era un imponente semental, potro negro y chascón, quien paso a sustituir inmediatamente la malograda bestia de Ramírez, y este lo acompañó hasta la mismísima quebrada de Tarapacá.

La persecución de las tropas bolivianas en dirección Cobija y Chiu Chiu se prolongó por todo ese día, como asimismo a las 16,30 horas, el coronel Emilio Sotomayor Baeza, en nombre del gobierno de Chile, nombra al teniente coronel y comandante del 2º de línea Eleuterio Ramírez Molina, gobernador militar de la plaza de Calama.

Luego, la Infantería atacaría frontalmente y la Caballería debería encargarse de impedir la retirada del adversario. Hecho lo anterior, el enemigo huyó y dejó abandonadas sus armas en el campo. En esta acción murieron más de 20 bolivianos y 11 chilenos. Si bien es cierto participó un escaso número de soldados, este combate tiene la particularidad de haber sido la única confrontación, en el marco de la Guerra del Pacífico, entre fuerzas chilenas y bolivianas, sin participación de tropas peruanas.

 

 

 
 
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