Usted está en : Portada : Reportajes Domingo 22 de enero de 2006

La catedral es el centro de
la historia de nuestra ciudad

Milagros y situaciones inexplicables han ocurrido en su interior

Calama ha vivido a través del templo parroquial de San Juan Bautista en toda su historia.

Para llorar, alegrase, dar gracias o hacer peticiones allí se han congregado pobres y adinerados, el pueblo sin más facultad que su autoridad personal y los hombres públicos con todas sus atribuciones, engalanados o arropados para el trabajo diario, ese templo, actual Catedral es el testigo más importante de cómo somos, cuáles son nuestras aspiraciones, los afectos positivos y negativos y en cada rincón de él hay algo de cada uno de los habitantes de la Tierra de Sol y Cobre.

¿Qué pasaría sin la Catedral hablara?.

El profundo significado de su estructura atrae y compromete. Debe ser por ese motivo que cuando le cambiaron la techumbre, gran cantidad de personas quería una calamina como recuerdo, después alguna de aquellas baldosas que tanto tiempo la mantuvieron en blanco y negro o las maderas del piso de la nave central. Cada quien quería algún recuerdo de la Historia de las Personas.

Conocer ese templo es sentirse apegado al ser humano de esta tierra, porque sus enormes columnas que semejan monumentales pernos industriales, con sus cabezas octogonales cuyas puntas cansadas suben al Cielo como plegaria permanente, así como las piedras del suelo nortino, artísticamente elaboradas que cubren el presbiterio y sostienen el altar mayor traducen el eterno intercambio de la esperanza y el amor mutuo entre Hombre y Dios.

 

Preocupación

Y siempre, el templo que atrae es objeto de la preocupación generalizada y de las opiniones francas y de la intranquilidad por hacer madurar la fe individual y colectiva. Siempre hay algo que los superiores de la Iglesia están haciendo para adecuarla al tiempo actual sin dejar de tener la presencia del pasado.

Recientemente, por ejemplo, los fieles han visto la nueva ornamentación artística que resume los "Misterios de la Luz" o "Misterios Luminosos" agregados al Santo Rosario por el Papa Juan Pablo II y que invitan a meditar sobre los misterios de la Redención.

Las nuevas obras pictóricas fueron realizadas por la familia Chávez-Galdós, cultivadora de las manifestaciones artísticas precoloniales, particularmente enfocada a la denominada "Escuela Cusqueña" del Siglo XVII que tuvo su principal exponente en el indio Diego Quispe Tito.

A las obras que hoy luce la Catedral como telón de fondo del presbiterio le agregaron elementos que caracterizan a la zona loína con lo que cada cuadro constituye un trabajo irrepetible, bajo los títulos de la Institución de la Eucaristía, Las Bodas de Caná, la Transfiguración, el Bautismo de Jesús y el Anuncio del Reino.

Además, recuperaron la arcada que comunicaba el altar mayor con el del Santísimo Sacramento.

 

Balas

También ha tenido otras historias, ajenas a la piedad y en las que los fieles no han tenido responsabilidad.

El viernes 24 de abril de 1980 no era diferente de los demás viernes en el Regimiento de Infantería, Artillería, Reforzado, Motorizado del General Pedro Lagos Número 15 Calama de Calama. Los conscriptos fueron llevados a ejercicios en el sector de Topáter, sector oriente de Calama, cerca del monumento a los héroes del 23 de Marzo.

La idea era que los hombres del Ejército, conocieran los secretos de las operaciones nocturnas. No hacía frío, y llegó la hora de las órdenes.

Había que saber de memoria la composición del armamento para actuar a obscuras. Fusiles, carabinas, morteros, metralletas, ametralladoras, cañones, granada que es proyectil y arma.

Los conscriptos atentos y nerviosos. El más hábil asumió la responsabilidad de accionar una granada. Nadie esperaba el estallido, pero ocurrió. El eco se repitió en la soledad de los cerros de Topáter y mientras el conscripto que accionó la granada caía a tierra, sus compañeros más nerviosos dispararon sin atender direcciones. Estaban confundidos. El ejercicio fracasó.

En la Catedral de Calama, monseñor Juan Bautista Herrada Armijo, (actualmente fallecido), oficiaba misa. Los feligreses eran pocos. Casi los mismos todos los días. De ese modo, monseñor Herrada, con su particular modo de ser, daba a sus predicaciones un lenguaje familiar y eso prolongaba la misa que ese día había comenzado a las 20.30 horas. Cuando él hablaba el silencio era total.

A las 21 horas, monseñor predicaba. De pronto un ruido fuerte. Inquietud en las últimas bancas. Alguien dijo: una bala.

Luego el silencio. Al término de la misa. Los fieles se metieron a la sacristía para contarle la experiencia al obispo y alguno le aseguraba que un proyectil había caído muy cerca de la máxima autoridad eclesiástica.

El prelado no le concedió gran importancia, pero dio cuenta a Carabineros. La tranquilidad del obispo tranquilizó a los fieles, pero quienes estuvieron presente esa noche en la liturgia suelen recordar el episodio que, por entonces, se comentaba en silencio como el de “las balas en la Catedral”.

El coronel Hernán Chacón Soto, comandante del Regimiento Calama y gobernador de El Loa, entregó el siguiente comunicado en las primeras horas del sábado 25.

“En los momentos que los conscriptos estaban haciendo ejercicios militares nocturnos, a uno de ellos le explotó antes de tiempo una granada, resultando gravemente herido, debiendo amputársele el brazo derecho, y algunas esquirlas se le depositaron en el glúteo”.

Además del comunicado, el coronel Chacón dijo que el conscripto fue identificado como Norman Pizarro Leyton y que fue llevado a Santiago.

Explicó que cuando ocurren esas situaciones, los soldados disparan al aire debido a la sorpresa y la confusión.

Dijo también que un trabajador de la población 23 de Marzo también resultó herido y fue atendido en el Hospital Carlos Cisterna. La herida correspondía una bala de fusil militar.

No descartaron la posibilidad de lo ocurrido en la Catedral respondieran a esa ocurrencia dado que el alcance de los proyectiles es ilimitado.

 

Milagro

También está la otra.¿Cuántos milagros habrán ocurrido en la Parroquia San Juan Bautista?.

Monseñor Cristián Contreras Molina, actual obispo diocesano de San Felipe, quien fue párroco de San Juan Bautista en Calama y obispo prelado, nunca se cansó de dar gracias a Dios por el restablecimiento de su salud, dejando entrever que su vida respondía a un milagro de la Misericordia de la Santísima Trinidad, luego de haber protagonizado un accidente carretero cerca de la capital de Bolivia.

En marzo de 1999, el entonces obispo de Calama vivió una de las experiencias que impactaron profundamente a la Provincia El Loa. Sus lesiones fueron consideradas graves, pero su recuperación comenzó muy rápidamente, poco menos que al siguiente día del accidente cuando, internado en la clínica “Virgen de la Asunción” de La Paz, recibió la visita del Padre Ximeno, del Arzobispado de la Paz y lo reconoció inmediatamente.

En esa oportunidad, este Diario, obtuvo los antecedentes del accidente, así como del estado del padre Cristián, por vía telefónica. El contacto con La Paz se hacía diariamente, tanto con la clínica como con el Arzobispado, debido a que en la Prelatura de Calama nunca hubo información disponible. En El Mercurio de Calama se supo desde el comienzo que el caso era de gravedad, pero extrañamente hubo desinformadas opiniones, inclusive de medios que se dicen noticiosos que aseguraron que la situación no tenía la magnitud descrita por el Diario. Como siempre ocurre, El Mercurio tenía la razón y la verdad.

El prelado demoró en retornar a Calama. Cuando lo hizo fue esperado por gran cantidad de personas. Los calameños formaron calle desde el aeropuerto hasta la Catedral. En la Catedral el padre Cristián ofició misa a la que asistieron las autoridades, además de gran cantidad de personas que repletaron el templo.

Más tarde, monseñor contaría a los reporteros: “Cuando regresé y oficié misa, comprobé que veía con un solo ojo. Distinguía apenas a la gente. Al subir las gradas del altar de la Catedral debieron sostenerme, porque tendía a perder el equilibrio”.

Más tarde recuperaría hasta 30 por ciento del otro ojo. Eso parecía imposible, pero ocurrió así. No se cansó de dar gracias a la Madre de Jesús bajo la advocación de Nuestra Señora de Ayquina. Dijo que en San Felipe continuará rezando desde esa distancia, porque su Fe le ha convencido que el haber sobrevivido al accidente fue un milagro.

Luego del accidente, monseñor Cristián Contreras Molina fue atendido por los médicos Emilio Buadani, Bernardo de Ferrari y Gina Guachalla, tenido como profesionales de nota en todo el país de Bolivia, conforme lo dio a conocer a este Diario, el médico Marcelo Navajas, director de la clínica.

Navajas estaba totalmente impresionado por la recuperación tanto del obispo de Calama como de los otros tres lesionados. El caso más llamativo fue el de monseñor Contreras, quien sufrió fracturas en el rostro, fracturas en los techos orbitarios oculares, fractura del seno frontal con hundimiento neumoencéfalo y contusión hemorrágica del lóbulo frontal izquierdo.

Fue sometido a una intervención quirúrgica el mismo día del accidente, es decir el jueves 18 de marzo por el neurocirujano, Bernardo de Ferrari y la cirujano plástico, Gina Guacalla.

Una de las preocupaciones médicas más profundas fue que las fracturas de los techos orbitarios oculares le comprometieron ambos ojos y llegaron a pensar que el paciente estaba expuesto a la pérdida del lado izquierdo. Los médicos pusieron todo su talento, conocimientos y recursos de la clínica para tratar al enfermo y, al tercer día pudieron comprobar, con asombro, que ese riesgo fue superado.

Recordemos que en ese accidente también resultaron lesionados el obispo titular de Iquique, monseñor Enrique Troncoso; monseñor José Eduardo Velásquez, obispo peruano; monseñor Jesús Suárez, español. El más grave fue el Padre Cristián.

Monseñor Contreras viajaba en un vehículo que se estrelló contra un camión que estaba estacionado en mitad de la carretera.

Los loínos manifestaron gran preocupación y repletaron todos los templos para rezar por la salud de la máxima autoridad de la Iglesia Católica.

 

Remodelación

El año 2000, declarado Año Santo, se produjo el cambio de la techumbre y el recubrimiento con planchas de cobre y la modificación de la torre del Templo Parroquial y Catedral . Fue fiesta grandiosa para cada calameño.

En febrero del 2001, Amaya Irarrázaval Zegers, arquitecto, inició el estudio para la segunda etapa de remodelación de la Catedral de Calama.

La profesional hizo el plano del diseño del piso y mantuvo las primeras observaciones sobre las columnas que limitan la nave central, con el propósito de abocarse al sistema de iluminación artificial que sería modificado.

La obra fue encargada por monseñor Cristián Contreras Molina, con miras a dejar ese templo, que es el más importante de la Provincia El Loa, a tono con el esplendor de la Casa de Dios.

Esa etapa incluyó el diseño del embaldosado del piso, manteniendo las líneas rectas tipo bizcochuelo. Para el rediseño encargaron baldosas de acuerdo con el diseño y con la calidad que responda a esas exigencias. Realizaron nuevo nivelado de la superficie e idearon soportes especiales para las lámparas interiores, las que llevan una pantalla de cobre de finas líneas que permitan destacar el metal loíno de manera sutil.

La luz artificial parece encaramarse por las columnas para llegar a la parte más alta y desde allí reflejar los rayos hacia la parte inferior provocando un efecto de luz indirecta y de gran recogimiento.

Calama dio la pauta al incluir el cobre en la arquitectura de su templo principal y la idea viajó a Roma, luego que la noticia de la Provincia El Loa recorrió el mundo.

La restauración de la Catedral de Calama fue mucho más allá que el puro cambio de las calaminas de zinc por planchas de cobre o del revestimiento de la torre actual con el metal rojo que identifica a la Provincia El Loa. La efectividad de esos cambios restauradores, son apenas el complemento de la simbología que corona los puntos más altos de la construcción.

La techumbre del templo principal de la Provincia El Loa experimentó el cambio de las calaminas tradicionales por planchas de cobre loíno extraído y procesado en Chuquicamata, mientras que su pináculo fue revestido con el mismo material de la mina Radomiro Tomic, esas especies de divisiones alfa y omega de Codelco, por edad, sistemas industriales y manejo de la tecnología de punta.

Todos los templos católicos tienen la misma importancia intrínseca, pero la Catedral representa la presencia de la autoridad eclesiástica en cuanto la predicación se convierte en cátedra y constituye la prolongación del palacio prelacial, cuya significación no tiene nada que ver con la riqueza material como pudiera llegar a pensarse.

El proyecto de restauración le fue encargado a la arquitecto Amaya Irarrázaval Zegers, quien ha demostrado su competencia en el rubro en todo el país y ha trabajado capillas que han requerido diferentes materiales.

La arquitecto reconoce que encaró el proyecto con gran cariño, con mucho de personal en el intento de ver el metal rojo sobre la Catedral San Juan Bautista de la misma manera que brilla en las manos del minero, más que como un hallazgo, como consecuencia del permanente buscar bienestar y prosperidad.

El 11 de noviembre de 2001 ante la presencia de las autoridades provinciales y comunales, ejecutivos de las empresas del cobre y la comunidad en general, monseñor Cristián Contreras Molina, ofició la liturgia de Consagración de la Catedral de Calama, como punto culminante de las tareas de remodelación, reparación y modernización del principal templo católico de la Provincia El Loa.

El cambio del altar mayor del templo, la renovación de su estructura, la remodelación de su cubierta, así como la ubicación de las reliquias de los santos, obligaron a realizar la consagración a Dios y la dedicación de la Catedral a San Juan Bautista.

 
 
Opciones
Volver a la portada Volver a la portada
Enviar este artículo Enviar este artículo
Imprimir sólo texto Imprimir sólo texto