Usted está en : Portada : Reportajes Domingo 25 de marzo de 2007

Los crudos testimonios de dos mujeres agredidas

Estas loínas se atrevieron a contar sus terribles experiencias, donde la figura del hombre violentador aparece con vergonzosa fuerza y de distintas formas. Para que nos demos cuenta que tenemos otro grave problema social en la ciudad

Los ingresos de mujeres para atención psicosociolegal en el Civif El Loa, entre enero y agosto de 2006, fueron 373, menos que los 455 del 2005. Se puede decir que claramente los casos han disminuido, pero la realidad no desaparece. Es otra de las vergüenzas sociales que presenta el país y que se refleja con fuerza en esta ciudad.

Por eso, a través de este reportaje queremos reflejar esta realidad desde los propios testimonios. Para una mujer que ha recibido agresiones no es fácil hablar de este tema públicamente, pero con el afán de hacer despertar a la opinión pública y a los que están sufriendo la violencia en carne propia, dos loínas quisieron contar sus duras experiencias. Sólo una dará a conocer su nombre porque dice no tener temor ni vergüenza a que se sepa lo que ella vivió. En el otro de los casos quisimos respetar la identidad debido a que las hijas del matrimonio podrían sufrir consecuencias. Lo que vale es que analicemos estas crudas realidades y que nos permitan comenzar a combatir fuertemente esta vergüenza social.

 

Testimonios

“Yo siempre fui una persona que sufrí la violencia intrafamiliar desde que me casé. Llevo 33 años casada y después de 32 vine recién a denunciar, específicamente el 2005”, comienza su relato Olga Izarrauldes Leiva, mujer que no sufrió agresiones físicas por parte de su pareja, sino que soportó humillaciones de otra manera. Se separó “de hecho” desde abril del año pasado, denunció a su marido, lo que significó que él ahora se encuentre con medidas cautelares.

 

¿Cuándo comenzaron las agresiones?

Desde el comienzo. Yo me casé con un hombre alcohólico pero nunca me imaginé que vivir con un hombre así traería tales consecuencias. El era un trabajador de Codelco y todos los fines de semana tomaba y esos días para mí comenzaron a ser una tortura. Desde el viernes yo ya comenzaba con mis nervios y eso se los transmitía a mis niños que estaban chichos y el ambiente de la casa ya se ponía distinto. Los fines de semana se iba a jugar a la pelota a las canchas de Las Vegas y de ahí los asados y ahí llegaba agresivo. Yo entiendo que los hombres tengan que divertirse, jugar a la pelota y tomarse unos trago, pero no para que lleguen a la casa agresivos. Es como un círculo vicioso.

¿Qué tipo de agresiones recibía usted?

Sicológica, económica y sexual. Físicamente nunca porque yo fui muy “chora”. El manejaba la plata, me mandaba a pagar las cuentas y no me daba plata ni siquiera para comprarme un helado. Nunca se preocupó ni de comprar ropa de cama, vasos, platos. Yo tenía que sacar de donde fuera y con algunos trabajos de manualidades lograba comprar algunas cosas, lo que al final era fomentar.

Desde el punto de vista sexual, él llegaba borracho, en cuatro patas. El sexo tiene que ser por consentimiento, pero se comportaba como un animal. Y yo soportaba eso porque en una casa, con tres dormitorios y con niños chicos, no podía estar peleando.

¿Asumió que tenía que vivir así?

Claro, porque no tengo a nadie más a quien recurrir, soy de Tocopilla, traje mis hijos al mundo y me culpaba por lo que estaba pasando.

¿Cómo se comportaba?

Cuando llegaba borracho era de esos hombres que llegaba gritando, abría las puertas, las ventanas y comenzaba a gritar groserías horribles para que las escuchara todo el barrio. Ahí con los niños nos escondíamos en una pieza con llave y él agarraba a puñetes la puerta y nos decía que saliéramos con puros garabatos. Mis niños estaban chiquititos.

¿Agredió a sus hijos?

En esa época, físicamente no, pero hace poco sí.

¿Cómo fue eso?

Tengo mi hija mayor, tiene más de 30 años, es asistente social y él nunca la quiso. Casi todos los hombres quieren que su primer hijo sea varón, pero eso no fue así y las distancias con ella comenzaron a ser horribles. Esa rabia se fue acumulando hasta que ocurrió. Mi hija nunca fue atrevida, fue muy sumisa, y como él no me podía agredir a mí empezó a agredirla a ella.

Un día llegó muy borracho, el 4 de abril de 2006 y gritando desde la calle. Estábamos acostados y mi hija estaba en el computador. Como no vio a nadie más con quien desquitarse comenzó a molestar a la niña, le reclamaba, le decía que era mala y mi hija le decía que la cortara y que la dejara trabajar. Hasta que comenzó a pegarle a la silla donde estaba ella y le pasaba a llevar las piernas. Después de eso le tomó el brazo y se lo comenzó a retorcerlo además de gritarle fuertemente en el oído y a insultarla, lo que al final le ocasionó un trauma acústico. Mi hija le preguntó si le quería pegar y le respondió que sí porque la odiaba. Fue en ese momento que él le iba a dar un puñete y grita. Ahí apareció mi hijo y le dijo “corta el hueveo, hasta cuando”. De ahí se le fue encima de mi hijo y lo tiró por el pasillo. Llamamos a carabineros y él salió arrancando. Se fue donde un vecino. Cuando carabineros se retiró de la casa él volvió haciendo escándalo de nuevo. Ahí avisamos de nuevo y aparecieron inmediatamente. Cuando él los vio empezó cínicamente a preguntar qué pasaba. Ahí se lo llevaron preso y le constatamos lesiones. Hasta el día de hoy no puede llegar a la casa.

 

Al borde del homicidio

20 años casada y medio año de convivencia con su mismo esposo fueron suficientes para que esta mujer loína decidiera unirse a la lucha contra la violencia al interior del hogar.

Nunca pensó que duraría tanto tiempo soportando golpes, amenazas, berrinches e insultos por parte del hombre que alguna vez amó, o quizá, todavía sea así, pero no como para aceptarlo nuevamente como el compañero de toda su vida. Lo cierto es que esta mujer de 43 años que prefiere mantener su nombre en el anonimato, toda vía guarda en su interior la pena de haber visto desvanecerse la alegría de su hogar. Ahora, sus tres hijas que dejó su matrimonio son su fuerza de vida, son su proyección, son la oportunidad de poder volver a ser feliz con los logros personales que alcance cada una de ellas. A pesar de ser una atractiva mujer, dice que le será muy difícil rehacer su vida, porque una parte de ella está marchita. No puede confiar en cualquier hombre, porque dice que cada uno siempre entrega señales que dan a conocer que pueden ser potenciales agresores. Ella reconoce que se siente más madre que mujer y eso la tiene tranquila porque tiene grandes razones por qué seguir con optimismo en la vida, sus hijas.

“Yo provengo de una familia que también es violentadota, soy la menor. Desde pequeña soporté la violencia de mi mamá, papá y hermanos, entonces uno se va acostumbrando a un sistema de vida. No la pasé muy bien. O sea, mis papás y hermanos nunca me golpearon, pero la agresión es sicológica”.

 

¿Y con su marido?

Cuando conocí a mi marido, al principio todo bien, porque se puso como una careta y eso duró cerca de un año y de a poco se fue incrementando.

¿Cuándo fue la primera vez que la agredieron?

Una vez estaba conversando con un sobrino de mi marido que teníamos casi la misma edad afuera de la casa. En esa época éramos lolos y estábamos conversando nada importante. Cuando entré a la casa él me dio una cachetada. En ese momento yo quedé para adentro y mirando a la muralla. No reaccioné, no supe qué hacer en ese momento frente a esa agresión. Al final, me levanté y le serví té y aquí no ha pasado nada.

¿Se fue haciendo frecuente este tipo de hechos?

No fue cosa de todos los días, eran cada seis meses. Lo que me recuerdo es que en la segunda agresión él me pegó y yo reaccioné, me defendí de alguien más grande y le puse la primera denuncia.

¿Se pudieron reconciliar en algún momento?

De ahí en adelante ya nada fue lo mismo. Yo quería ir a trabajar o hacer algo y él no me dejaba. El se justificaba con sus celos para agredirme y me decía que yo no podía salir porque esta ciudad no era para mujeres porque estaba llena de schoperías y otras cosas, y yo le hacía caso y me la pasaba encerrada.

Usted es madre, ¿En algún momento sufrió agresiones cuando estaba embarazada?

No tuve agresiones físicas, pero sí sicológicas. De mi segunda hija yo lloré mucho pero no me daba cuenta de lo que me estaba pasando. Pero de a poco le fui contando a sus hermanas mayores y ellas me decían que tenía que dejarlo porque él era así ya que tenía como mal ejemplo las golpizas que le daba su papá a su madre por cualquier cosa.

 

¿Usted aceptó vivir así?

Cuando me comenzó a pasar me dije, “esto es lo que me espera en mi vida”.

La verdad es que yo me siento más madre que mujer, entonces por el bienestar de las chicas, por no tener donde llevarlas, continué con esa forma de vida.

¿Fueron muchas las agresiones?

No muchas porque aprendí a defenderme. Me di cuenta que el violentador es cobarde. Aprendí, cuando me iba a agredir, a partir a la cocina y tomar el cuchillo más grande que tuviera. La última vez que intentó agredirme, lo enfrenté con el cuchillo y él arrancó. Entonces, como se daba cuenta que no me podía pegar porque yo me defendía, comenzó a desquitarse con las cosas, rompía el computador, la cocina, hizo pedazos un reproductor de video y me decía, “yo las pago, yo las compro y yo las rompo”. Las plantas también eran víctimas y mi perro, mi quiltro también recibía su parte y ahí yo también tenía que salir a defenderlo. Lo pateaba y con el tiempo el perro ya tendía a atacarlo, pero nunca lo hizo. El con eso también me hacía daño.

¿Cuál fue el episodio más dramático que vivió?

Fue cuando llegó el final de la convivencia. Como contaba, yo me defendía con un cuchillo y recuerdo que en ese tiempo yo estaba trabajando. Meses atrás, en una ocasión él me tomó todas las cosas del dormitorio y las tiró al comedor. No quería que durmiera con él porque me consideraba una prostituta. Me levantaba a las 5.30 para irme al trabajo y a esa hora me agredía sicológicamente y de otras maneras. Por ejemplo, a esa hora yo me bañaba y para molestarme me apagaba el cálefont.

En una ocasión, era tanto el escándalo y la agresión sicológica que él estaba aplicando sobre mis hijas, que yo fui a la cocina, tomé el cuchillo, lo perseguí y él salió arrancando hacia la calle.

A los minutos volvió y ahí yo lo tomé y empecé a enterrarle el cuchillo en el cuello. Mis niñas comenzaron a llorar y a decirme que me detuviera, yo las miraba pero no las veía, y ahí me di cuenta que yo estaba dispuesta a matarlo. No veía otra solución para que la casa estuviera en armonía, pensé en eliminar al agresor. Cuando reaccioné, ahí yo me dije que esta situación ya no podía continuar.

¿Siente que perdió años de su vida?

No, porque tengo a mis niñas y están bien criadas, están como quiero. Mi hija mayor está estudiando Derecho y ya está en tercer año, no tiene guagua, es una señorita. Mi otra hija tiene 17 y ya está en cuarto medio y mi hija menor ya está en cuarto básico. Ellas son muy responsables y yo no quiero que les pase lo que a mí. Yo siempre quise tener una profesión y nunca me lo permitieron.

¿Una mujer agredida puede rehacer su vida?

Es muy difícil volver a confiar en un hombre nuevamente. Para mí, mi ex marido es el maestro de los agresores, entonces, si yo veo una pequeña chispita de eso en alguna persona que conozca doy inmediatamente un paso hacia atrás.

 
 
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