Usted está en : Portada : Crónica Jueves 18 de octubre de 2007

El Mercurio de Calama ante el asesinato de Claudia Araya

La desaparición, hallazgo del cuerpo sin vida y todo el proceso judicial fue seguido muy de cerca por periodistas de este medio

Este mes habrán de cumplirse seis años del homicidio de la joven trabajadora Claudia Jimena Araya Díaz, quien defendió su vida a ultranza y con ello dio lugar a que todos pudiéramos apreciar hasta dónde puede llegar la crueldad del ser humano, porque para darle muerte, los autores recurrieron a todas las posibilidades, ajenos al clamor de la víctima.

El lunes pasado, 15 de octubre, a las 22 horas, eran pocos los calameños en la calle. Si en el centro de la ciudad ese hecho fue notable, en las poblaciones resultó increíble, porque la soledad era total, todo ello, porque los pobladores estaban pegados a los televisores para conocer detalles del horroroso asesinato.

El martes, los comentarios generales eran tajantes:"la televisión dijo la verdad".

Tal deducción es cierta y eso lo puede sostener, sin ambajes, El Mercurio de Calama que informó más detalladamente aún y con periodística rigurosidad todo lo ocurrido, luego que sus trabajadores siguieron el caso desde la desaparición de la joven, conocieron la desesperación de su familia, la búsqueda, el hallazgo del cadáver, la detención de los autores, la audiencia de formalización, el relato de los hechos, la investigación, la reconstitución, el juicio oral, el veredicto condenatorio, la sentencia, la protesta de los taxistas frente a la cárcel, la condena de parte de la Iglesia en la voz de monseñor Cristián Contreras Molina, los funerales, la construcción de una plazoleta, la colocación de una placa recordatoria, el robo de la placa, las posibilidades de que el crimen quedara impune, los argumentos de los jueces, las oraciones por el alma de joven en cada aniversario. Todo.

Negativo

Y cuando este Diario informaba, hubo voces disidentes:"El Mercurio destaca lo negativo", altos personeros hicieron eco. Otros medios noticiosos, aprovechaban las crónicas, condenaban también y paralelamente hablaban de exclusividades.

Los recortes de este Diario eran mostrados con la severa acusación de que "estos hombres ya fueron condenados por El Mercurio de Calama" y la expresión fue repetida hasta en los tribunales.

Lo que antes sirvió para criticar ácidamente al matutino que hace cuarenta años informa a la Provincia El Loa, la defiende, la proyecta y la intranquiliza de idea nuevas, hoy sirve para destacar la verdad de otro medio capitalino de comunicación de masas.

Bien merecido el elogio para Carlos Pinto y su equipo, pero es hora de reconocer que hace seis años, El Mercurio de Calama dio a conocer esa verdad, más detalladamente, lo que viene a ser una demostración de que los loínos muchas veces no aquilatamos en medida justa lo que tenemos.

Pero, a la luz de los comentarios, los trabajadores de este matutino deben estar satisfechos, porque lo que hoy es proclamado como verdad, ya lo anticiparon hace un lustro.

Rezar

El próximo 27 de octubre, otro aniversario del horrendo homicidio, será la hora de rezar junto a la familia de la joven, no porque el horror sea constructivo, sino para que no vuelva a ocurrir hecho parecido.

Y habrá oportunidad para que nos demos cuenta de cómo medios noticiosos al alcance nuestro cada día, tienen tanta autoridad moral, profesional, ética y oportuna, y a los que los calameños haremos bien en reconocer.

Repasen lo publicado y verán que a este Diario nada se le escapó.

Habrá oportunidad también para recordar a los magistrados que condenaron, al fiscal, a los funcionarios policiales a todos.

El 24 de julio del año 2003, el Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Calama, integrado por los jueces colegiados Irma Tapia Valdés, Franco Repetto Contreras y Jaime Medina Jara, condenó a sendas penas de veinte años de presidio, sin beneficio, a los dos autores del horrendo asesinato de la joven trabajadora Claudia Jimena Araya Díaz, perpetrado el 27 de octubre de 2001 y tenido como la demostración más palpable de la crueldad humana, especialmente por los sufrimientos que afrontó la víctima para defender su vida.

La condena fue por homicidio calificado acreditado con la declaración del médico Rodrigo Meza Inostroza, quien refirió que la autopsia evidenció una gran fractura craneana fronto-témporo parietal izquierdo de carácter vital, hemorragia disecante pelviana de carácter vital, compatible con hematoma pelviano traumático y, quemaduras de tercer grado con incineración parcial corporal asociado a efecto conservador de partes blandas remanentes.

La causa de la muerte fue la agresión con un elemento contundente en el lado izquierdo del cráneo.

El homicidio calificado está descrito y sancionado en el inciso número uno del artículo 391 que incluye la acción con alevosía, es decir, el asesinato fue cometido a traición por uno de los autores y sobre seguro por el segundo de ellos.

Además, uno de los autores fue condenado además de 61 días de presidio por el delito de hurto de dos anillos avaluados en 40 mil pesos, además de aros de metal amarillo, pertenecientes a la víctima.

El caso ha sido uno de los más difíciles que ha afrontado la Reforma Procesal Penal desde su vigencia en la Segunda Región.

Y detalles como estos que también publicó El Mercurio de Calama no aparecieron en otros medios informativos.