Con las manos vacías, llenos de esperanza y con los deseos de dejar atrás todo lo sucedido. Así llegó a Calama una de las primeras familias que vivieron en carne propia el terremoto del 27-F. Antes lo habían hecho un centenar de estudiantes que ya se han integrado a las escuelas y también jefes de hogar que en el día buscan trabajo y en la noche duermen en la Hospedería del Hogar de Cristo. Conversamos largamente con la señora Adriana González y Susana Vásquez, que forman parte de esta familia que espera iniciar una segunda vida después de perder absolutamente todo en la comuna de Hualpén, VIII Región del país. Con las manos vacías Adriana, Susana, tres pequeños y dos hombres que hasta ayer en la tarde seguían buscando trabajo, llegaron el miércoles a Calama. Tal como lo dicen, "nos vinimos con lo puesto". Un par de poleras para los niños y nada más. El resto esperan conseguirlo en esta ciudad. Saben que no será fácil, pero están dispuestos a partir de cero, a cambio de las fuertes y constantes réplicas que son pan de cada día en la "zona cero". "Tuvimos un viaje súper largo, como de 30 horas. Nos vinimos porque estábamos cansados de tantos temblores. No se puede vivir con tranquilidad", comenta la señora Adriana. Ayer fueron recibidos en dependencias del Hogar de Cristo, primera institución que le brindó ayuda. Alimentos no perecibles, ropas y juguetes en primera instancia, hasta que los dos jefes de hogar encuentren una fuente laboral. Sentados en una oficina del Hogar, dicen que esperan quedarse a lo menos un año, recuperar la tranquilidad, que los tres chicos vayan a la escuela y sobre todo, intentar olvidar la catastrófica experiencia. Ejemplo de solidaridad Pamela es una calameña madre de dos hijos que sin pensarlo dos veces, recibió a esta familia en su casa. Un ejemplo para imitar, pero mientras tanto, debió habilitar más espacio en su hogar para recibir a estas ocho personas que son parte de su "nueva" familia. Eso no es todo. Es dueña de una casa en el sector poniente de la ciudad que en los próximos días entregará a esta familia para que puedan estar más serenos. Sin embargo la familia proveniente de Hualpén igual necesita ayuda de otras personas y por qué no, del municipio, gobernación, etcétera. Principalmente para equipar una casa. Cocina, muebles, camas, para intentar volver a vivir como en su querida Hualpén. También matrícula para el "Nacho", Omar y Mikaela, que mientras tanto se entretienen con juguetes que les entregó el Hogar de Cristo. Más fuerte que el del 60' Sentados en una oficina del Hogar, cuentan todo acerca del terremoto y el terror del movimiento y las horas siguientes. Sobre los minutos que duró el sismo, dicen que "apenas pudimos vestirnos y ponernos zapatos. Corrimos a una cancha y ahí pasamos la noche con fogatas. Íbamos a la casa acompañados de un adulto y nunca más volvimos a vivir ahí. De hecho tienen que demolerla". En los últimos días, dormían vestidos listos ante cualquier emergencia y en realidad, si pudiera llamarse dormir, porque despegaban los ojos ante cualquier ruido. La señora Adriana a sus 63 años, recuerda el terremoto del 60' y dice que fue mucho más fuerte. |
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