Año XXXV - Nro. 12.305 - Sábado 06 de Abril de 2002

La novia del camino a Chuqui

Los marinos tiene un amor en cada puerto, pero se preocupan que sus conquistas sean por la vía derecha y sin usar malas artes contra sus rivales ocasionales, porque están convencidos que ganar una mujer con malas artes no conduce nunca a buen puerto.

La sentencia deberían conocerla también otros sectores del quehacer habitual. Podrían evitarse tragedias, muertes, revanchismo, leyendas, apariciones.

 

Extraña pasajera

En el camino de Calama a Chuquicamata, en la Cuesta de Monte Cristo y hasta en las cercanías del cementerio de Calama o por la vía a San Pedro de Atacama, cada diez años, los conductores comienzan a denunciar la presencia de una mujer vestida de blanco, como una novia, que se pone frente a sus móviles, les obliga a detenerse y hasta se sube a las carrocerías y les acompaña parte del viaje para luego desaparecer sin dejar ninguna huella.

La gran mayoría de los choferes reconocen que esa realidad les da miedo y que les cuesta reaccionar positivamente luego de la experiencia.

Para los más viejos mineros esas apariciones corresponden a la de una joven hermosísima, amada por dos hombres jóvenes, ninguno de los cuáles logró casarse con ella, porque la muerte impidió una injusticia.

En torno a ella habrían quedado sin aclarar su propio deceso y el de su novio.

Esos convencimientos, sin embargo, no aparecen dentro de los hechos policiales denunciados, ocurridos o perseguidos por la justicia de la Provincia El Loa, pese a que no son tan antiguos.

En la actualidad lo que podría derivar de situaciones ingratas es conocida como la "Leyenda de la Novia" y, extrañamente, la historia coincidente ha cambiado de escenario desde la Provincia El Loa a la Pampa Salitrera en su enorme extensión.

La historia no es tan lejana y la realidad estaría ubicada en los años de 1925 al treinta.

Narra que en Calama había un matrimonio, cuya hija era muy agraciada y sencilla. La joven despertaba la admiración apenas la veían, porque tenía cualidades muy desconocidas entre las jóvenes de su tiempo, no sólo en Calama sino en todo el norte.

Un joven, vecino de esa familia, quien prácticamente se había criado con la hermosa niña, se enamoró y fue correspondido por la niña que veían en él, aparte de amor, muy buenas intenciones. Un día, en uno de los pimientos que había en la calle Balmaceda de Calama, estamparon un corazón atravesado por una flecha en el que inscribieron sus nombres. El árbol fue derribado y arrancado de raíz debido a que envejeció y se había convertido en un peligro.

Fue el último testimonio de esa historia de amor, no muy conocida, especialmente porque los propios protagonistas querían mantenerla en secreto. Los viejos calameños aseguraban que entre ambos había una promesa de amor eterno.

 

Un gringo

La joven, debido a la urgencia económica familiar empezó a trabajar en Chuquicamata que, por esos años era sede repetida de grandes fiestas, en distintas casas de los gringos, de los jefes chilenos y en los establecimientos dedicados al rubro.

Debido a la obligación de prestar servicio a sus patrones, la joven coincidió en una fiesta con un ingeniero muy joven recién llegado al mineral, quien había venido al norte ante la posibilidad de trabajar en la minería, pero no pertenecía a ninguna de las empresas que estaban laborando en Chuqui, Calama o la Pampa Salitrera.

Como le ocurría a todo hombre, el gringo joven se enamoró perdidamente de la joven. Tanto es así que esa misma noche le declaró su amor y le pidió matrimonio. La joven lo rechazó porque además de su promesa de amor, consideró que era motivo de burla por parte de quien sabía que ella era una simple empleada doméstica.

El gringo no se dio por vencido y convencido que podía subirse por el tronco y bajarse por las ramas, decidió conquistar a los padres de la niña. Lo logró a través de buenos regalos.

Hay que decir que, en ese tiempo, los padres decidían el futuro de los hijos. De ese modo, le entregaron la niña al gringo, pero ésta mantuvo su rechazo y además, decidió dejar a sus padres. El papá se indignó y golpeó a la hija hasta mandarla al hospital.

El gringo se sintió ofendido por la joven cuando ésta le dijo que lo rechazaba porque tenía una promesa de amor y era fiel a un joven calameño. El ingeniero cuyo amor por la joven era demasiado intenso, al límite de la locura, decidió ubicar al joven. Para ello, contrató los servicios de trabajadores que podían conocer a su rival de amores.

No se sabe que pasó, pero la tradición refiere que el joven del que la niña hermosa estaba enamorada, desapareció. La mayoría cree que lo hicieron desaparecer violentamente.

Terceros se encargaron de contarle a la joven que su prometido ya no la quería y había dejado la Provincia El Loa para irse a las salitreras a trabajar y olvidar.

El trabajo de convencimiento dio resultado y la niña terminó por aceptar al gringo.

 

La boda

Se hicieron todos los preparativos con grandes gastos, para una gran fiesta. Un vehículo debidamente engalanado pasaría a buscar a la niña a su hogar. La boda sería en Chuquicamata un sábado a las 20 horas.

La novia, toda de blanco, esperaba que la fueran a buscar, pero pasó la hora y el vehículo no llegó. Ante esa realidad optó por salir a buscar locomoción para trasladarse al mineral. Esto es porque tenía muy claro que los compromisos hay que cumplirlos.

Pero, al salir de la casa, debido a la obscuridad reinante, dado que en Calama no había energía eléctrica, cruzó la calle, fue atropellada y debido a la gravedad de las lesiones murió.

Los choferes a los que se les ha aparecido la describen como joven bonita que cruza delante de los automóviles llevando un ramo en la mano y como levantándose el vestido con la otra, como para no enredarse.

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