Año XXXVII - Nro. 12.378 - Sábado 8 de mayo de 2004

La noche eterna de la "Botitas Negras"

Para gran cantidad de personas, la "Botitas Negras" es la Patrona de los pobres, de los que no son recibidos en ninguna parte, de los que suelen tener dificultades para tener el pan diario.

La noche del martes para el miércoles, el mausoleo de Irene del Carmen Iturra Sáez, asesinada a los 27 años, y causa de devoción popular en la Provincia El Loa, fue consumido por el fuego.

Los recuerdos dejados como testimonio de agradecimiento por sus devotos se hicieron cenizas.

No está definido si fue un incendio intencional o si alguna de las velas dejadas como ofrenda causó un accidente que nadie, entre quienes aprecian el recuerdo de la infortunada joven hubiera querido.

En todo caso, esos hechos parecen constituir un mensaje todavía no comprendido, porque cómo podríamos explicarnos que desde su sepultación en octubre de 1969 ha tenido tres sepulcros en el mismo cementerio, como si sus restos quisieran viajar o recorrer muchos sectores para bendecir y favorecer. Y ese ir de un punto a otro es coincidente hasta con la vida de la joven, quien viajó por el país para establecerse en Calama dónde halló la muerte. Asesinada, sus restos fueron transportados a un cerro. Y en ese mismo entierro a la ligera sus restos fueron disgregados. Desde allí a la morgue, y dentro de la morgue también reubicados. Y cuando pudo alcanzar la paz de los muertos surge milagrosa para recibir peticiones, agradecimientos, ofrendas, piedad, quema de velas.

El día del homicidio, su sangre salpicó todas las paredes de la pieza cinco, al interior de ese local nocturno de la población Independencia de Calama. Algunas pequeñas manchitas rojas alcanzaron también el cielo raso, como si hubieran querido volar hacia la Eternidad en defensa de la vida. Los efectivos policiales y los funcionarios del tribunal del crimen, se miraron unos a otros en silencio para resumir el horror que ese escenario les causaba.

Un pequeño velador. Otra vez la sangre. Un catre, un somier con un colchón doblado como un escondite de evidencias. Un detective lo estiró y lucieron de inmediato los testimonios escarlatas, añejados por la presión del polvo y algún intento de lavarlas. Cabellos de color indefinido no dejaban lugar a duda. Allí hubo lucha de personas, una de las cuáles se defendió valientemente hasta el último soplo de existencia.

El escenario traducía todo tipo de negativos sentimientos, odio, venganza, ensañamiento, abuso, homicidio contra una mujer practicante de la actividad más antigua, como aquélla en la que la Biblia resume el perdón divino "porque amó mucho".

El sitio del suceso aclaró todo. Los culpables fueron a la cárcel por decisión de lo que los seres humanos llamamos justicia.

Pero, el nombre y el recuerdo de la víctima permanece y es venerado por personas de todos los niveles sociales, quienes llegan a su mausoleo, desde todo Chile, desde varios países, desde el fondo del alma.

 

"Botitas Negras"

Cada 8 de agosto, mucha gente recuerda el aniversario de uno de los más horrendos homicidios perpetrados en Calama. Ese día, Irene del Carmen Iturra Sáez, 27 años alegres y generosos, dejó su vida al interior del local en el que ganó el sustento para ella y sus hijos, conoció el esplendor, las cualidades, los defectos y la miseria de sus semejantes, supo de los sueldos y salarios de obreros y empleados, aprendió a brindar con todos los licores y combinados y distribuyó, caritativa, entre los más pobres del barrio, parte del dinero que ganaba.

Su vivir se apagó de mala manera. Fuerza, armas blancas y contundentes, puños y pies, cayeron uno a uno sobre su indefensión. De la cabeza a los pies, de mano a mano, sin que ni un milímetro se eximiera de la violencia. Murió apelando a la piedad de sus verdugos.

Más tarde, con la misma frialdad, descubrieron que su cuerpo era grande para meterlo en un pequeño vehículo. La solución fría y horripilante es estremecedora. La cercenaron, hartas partes, innumerables. La envolvieron en restos de la ropa que le habían destruido.

Y con esa carga los restos fueron llevados a un cerro cercano a Chuquicamata. Unas paladas de tierra, muy superficiales. Allí la dejaron a disposición de los animales del desierto.

Posteriormente, su conviviente estampó una denuncia por presunta desgracia. En los primeros días de septiembre la hallaron. Sus restos decoraban dramáticamente el cerro. Sólo lograron identificarla el 10 de septiembre. Había pasado un mes.

En lo que quedaba del destrozado cadáver sobresalían sus pies y parte de sus piernas, cubiertas por botas negras. En ese mismo momento, su nombre vital se convertiría en el que hoy recibe veneración, "Botitas Negras".

 

Devotos

Sus funerales tuvieron lugar en el cementerio de Calama, donde su tercera tumba antes del incendio, parecía un jardín poblado de todas las especies. Junto a las flores, gran cantidad de placas como testimonio de agradecimiento, además de miniaturas de botitas negras junto a peticiones de estudiantes, obreros, empleados, profesionales, bailarinas, trabajadores de la noche. Desde Putre hasta Punta Arenas y desde el otro lado de la frontera llegan los agradecimientos. Los salteños de Argentina están incluidos entre los reconocedores de los bienes y favores.

Es que la "Botitas Negras", desde el día que sus compañeros de trabajo le pidieron un favor, ha sumado devotos. Cada lunes, el mausoleo de Irene del Carmen Iturra Sáez recibe la visita de cientos de personas que disputan la posibilidad de aproximarse para rezar agradecidos, implorar a Dios para glorifique su alma y, la Botitas Negras no deja a nadie sin respuesta. Hay quienes lloran de agradecimiento, no faltan los desmayos, los elogios, el respeto, la piedad.

 

Patrona

Para gran cantidad de personas, la "Botitas Negras" es la Patrona de los pobres, de los que no son recibidos en ninguna parte, de los que suelen tener dificultades para tener el pan diario. También de quienes trabajan dándole vida a la noche. La describen como santa no canonizada. Aseguran que debe estar cerca de Dios porque de lo contrario no haría milagros.

Muchos creen que algún día podrán proclamarla su Patrona sin remilgos ni escrúpulos. Basan sus sentimientos en los favores que han recibido. Mientras tanto siguen rezando, pidiendo, llorando y angustiándose como en el día horrendo en el que la policía descubrió, al interior de un negocio nocturno, la sangre en la pieza cinco.

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